
Algas marinas: nutrición, salud y futuro sostenible desde el océano
17 de septiembre de 2026
Dra. Norma Y. Hernández Saavedra
nhernan04@cibnor.mx
Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, S.C.
Tema: Las algas marinas constituyen un recurso natural sostenible y aún subutilizado. Destacan por su riqueza en compuestos bioactivos, como polisacáridos, proteínas, pigmentos y polifenoles. En este artículo se presenta su enorme potencial en los sectores farmacéutico, cosmético y nutracéutico, además de su valor como alimentos funcionales que aportan vitaminas y minerales esenciales para la salud humana. Desde el punto de vista ecológico, no solo son un sustento clave para animales herbívoros y omnívoros, al transferir energía solar hacia niveles tróficos superiores, sino que sus estructuras —como bosques y pastizales marinos— protegen a peces jóvenes, estadios juveniles de otras especies marinas y zooplancton frente a sus depredadores, contribuyendo así a la biodiversidad costera. Mediante la fotosíntesis, absorben dióxido de carbono y almacenan grandes cantidades de carbono, por lo que actúan como aliadas frente al cambio climático. También absorben nutrientes y contaminantes orgánicos provenientes de la escorrentía, ayudando a limpiar las aguas costeras. En conclusión, este texto resalta la importancia de aprovechar estos recursos marinos para impulsar nuevos biomedicamentos y productos nutricionales, así como para transformar los arribazones de algas en el Caribe mexicano y la invasión de nuevos hábitats por algas exóticas en oportunidades de desarrollo biotecnológico.
1. Para empezar: ¿qué son las algas?
Cuando pensamos en algas, quizá imaginamos plantas flotando en el mar. En realidad, las algas son organismos muy variados que viven en ambientes acuáticos —dulces o marinos— y producen su alimento usando la luz del sol, de forma parecida a las plantas. Hay dos grandes grupos: las microalgas, que son microscópicas (Fig. 1A), y las macroalgas, visibles a simple vista (Fig. 1B-D). Ambos tipos pueden aportar nutrientes útiles para la alimentación humana; de hecho, en muchos países las algas se consumen desde hace siglos.

Figura 1. Ejemplos de micro- y macro-algas. A, microalgas (observación al microscopio óptico de una muestra de fitoplancton marino que ejemplifica la diversidad de microalgas). B-D, ejemplos de macroalgas, en las que de acuerdo con su pigmentación se pueden distinguir las rojas (B), pardas (C) y verdes (D) (Imágenes obtenidas de Canva).
Hoy en día, las algas llaman más la atención porque conocemos mejor sus propiedades. Desde un punto de vista nutricional, son bajas en calorías y presentan altas concentraciones de proteínas, fibra dietética, minerales y vitaminas. Además de sus beneficios para la salud, poseen características tecnológicas interesantes para la industria alimentaria, ya que pueden mejorar productos gracias a sus propiedades antioxidantes, emulsionantes y de retención de agua y grasas. Algunas también pueden cultivarse sin requerir grandes extensiones agrícolas ni mucha agua dulce; por ello, se investigan como parte de una alimentación más sostenible y ecológicamente amigable (Fig. 2). A partir de esta base, conviene revisar primero qué aportan a la dieta.

Figura 2. Aplicaciones biotecnológicas de los componentes de las algas marinas (ilustración generada con IA, NanoBanana).
2. ¿Qué aportan a la alimentación?
Las algas pueden compararse con una “despensa marina”: según la especie, pueden contener proteínas, fibra, grasas buenas, vitaminas, minerales y compuestos naturales que ayudan al organismo (Alia.z.hashim et al., 2024; Tabla 1).
Tabla 1. Análisis comparativo de los atributos nutricionales y funcionales y servicios ambientales de las microalgas y otras fuentes de proteínas convencionales, (basado en García-Encias et al., 2025; EPRS, 2024).

2.1 Proteínas: materiales para construir y reparar el cuerpo
Las proteínas de las algas son ricas en glicina, arginina, alanina y ácido glutámico. También pueden contener todos los aminoácidos esenciales, aunque algunas especies presentan deficiencias de lisina y cisteína. Las proteínas ayudan a formar músculos, piel, enzimas y defensas (García-Encinas et al., 2025; Bleakley y Hayes, 2017). Algunas microalgas, como Spirulina y Chlorella, son conocidas por tener mucha proteína en relación con su peso seco. Esto no significa que deban sustituir por completo a otros alimentos, pero sí que pueden funcionar como complemento. Para aprovechar mejor sus proteínas, a veces se requiere procesarlas mediante molienda, cocción o fermentación.
2.2 Omega-3: grasas buenas para el corazón y el cerebro
En general, las macroalgas suelen tener un bajo contenido de lípidos, alrededor de 1 a 5%, en contraste con las microalgas que alcanzan valores de hasta el 10–25 % (Tabla 1). Sin embargo, la proporción de ácidos grasos esenciales en algas puede ser mayor que en plantas terrestres (Čmiková et al., 2024). Destacan el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), ambos de la familia de los omega-3; estos nutrientes se asocian con la salud del corazón, el cerebro y la vista. De hecho, muchos peces contienen omega-3 porque forman parte de una cadena alimentaria que comienza en las microalgas. Por eso, los aceites de algas pueden ser una alternativa al aceite de pescado.
2.3 Fibra: alimento para una microbiota saludable y otros usos
Las algas marinas contienen bastante fibra (o biopolímeros estructurales), que puede variar entre 36 y 60% de su materia seca, especialmente fibra soluble, en comparación con otros vegetales terrestres. Por ello, no son una fuente importante de hidratos de carbono disponibles. Además, las macroalgas, contienen fibras especiales, como agar, alginatos, carragenanos y ulvanos, que pueden ayudar al tránsito intestinal y favorecer la sensación de saciedad (Tabla 2; EPRS, 2024; García-Encinas et al., 2025). Algunas también pueden actuar como prebióticos, es decir, servir de alimento para bacterias beneficiosas que viven en el intestino. Aun así, muchos de estos beneficios todavía se estudian y no deben exagerarse.
Tabla 2. Comparativo entre las diferentes propiedades reologicas y aplicaciones de los cuatro principales hidrocoloides marinos (elaborada a partir de Salehi et al., 2019; Sánchez-Cardozo et al., 2019; Kezer et al., 2026).

Los ficocoloides (o hidrocoloides de algas) constituyen un grupo de biopolímeros estructurales fundamentales que las macroalgas producen en sus paredes celulares (Tabla 2). Su clasificación principal se realiza según el grupo filogenético del alga de origen: algas rojas (agar y carragenanos), algas pardas (alginatos) y algas verdes (ulvanos) (Fig 1B-D; Kezer et al., 2026; Salehi et al., 2019).
2.3.1 El agar es una mezcla compleja de dos polisacáridos: agarosa (un polímero lineal con bajo contenido de sulfatos que aporta la capacidad de gelificación) y agaropectina (una fracción ramificada y sulfatada). Se extrae de algas rojas de los géneros Gelidium y Gracilaria. El agar es el estándar de oro en microbiología para la preparación de medios de cultivo ya que no es metabolizado por las bacterias. En alimentación, sustituye la gelatina animal en productos de repostería que requieren cocción posterior o estabilidad a temperatura ambiente (Salehi et al., 2019).
2.3.2 Los carragenanos son polisacáridos sulfatados compuestos por unidades alternas de β-D-galactosa y α-D-galactosa. Se extraen de algas rojas (Rhodophyta) como Chondrus crispus e Eucheuma. Dentro de sus propiedades más destacadas podemos mencionar si alta interacción con proteínas, especialmente con la caseína de la leche. Es sensible a medios muy ácidos (hidrólisis ácida) cuando se calienta. Entre sus aplicaciones más destacadas se pueden mencionar en Industria láctea (helados, leches chocolatadas), carnes procesadas (retención de humedad en jamones), suspensiones farmacéuticas y pastas dentales, entre otras (Jabeen et al., 2025).
2.3.3 Los alginatos son polímeros lineales formados por bloques variables de ácido de D-manurónico (bloques M) y ácido L-gulurónico (bloques G). Se extraen de la pared celular de algas pardas (Phaeophyceae) como Macrocystis pyrifera y Laminaria (Jayakody et al., 2022). Su forma comercial más común es el alginato de sodio; en la industria alimentaria ayudan a espesar, estabilizar o dar textura a ciertos productos, como salsas, postres o alimentos procesados. También se estudian por su posible relación con la saciedad y la absorción de algunas sustancias (Wu et al., 2023). Sin embargo, consumirlas en exceso podría afectar la absorción de ciertos minerales, por lo que conviene mantener un consumo moderado.
2.3.4 Los ulvanos son los hidrocoloides de más reciente desarrollo y estudio. Son polisacáridos sulfatados complejos solubles en agua extraídos de las algas verdes (Chlorophyta), predominantemente del género Ulva (conocido popularmente como lechuga de mar). Su estructura química consta de unidades de ramnosa sulfatada, xilosa, e ácidos urónicos (ácido glucurónico e idurónico). Debido a sus propiedades estructurales y biocompatibles, lidera investigaciones en el área biomédica para la ingeniería de tejidos, andamios celulares y sistemas de liberación controlada de fármacos. En la industria química verde se emplea para el desarrollo de películas y empaques comestibles biodegradables (Cindana et al., 2020).
2.4 Vitaminas: pequeñas cantidades, grandes funciones
Algunas algas aportan vitaminas, entre las que destacan las vitaminas A, B1, B12, C, D y E, así como riboflavina, niacina, ácido pantoténico y ácido fólico. Estas vitaminas participan en procesos relacionados con la obtención de energía a partir de los alimentos, la protección celular y el apoyo al sistema inmunitario (Quitral et al., 2012). Sin embargo, su cantidad puede variar mucho entre productos. Por eso, cualquier suplemento o alimento con algas debe revisarse considerando su etiqueta, origen y controles de calidad.
2.5 Minerales: útiles, pero con cuidado
Las algas también tienen un alto contenido de minerales, cercano al 36% del peso seco. Entre los macrominerales se incluyen sodio, calcio, potasio, cloro, azufre y fósforo (Peña Salamanca et al., 2025). En cuanto a los microelementos, destacan yodo, hierro, zinc, cobre, selenio, molibdeno, flúor, manganeso, boro, níquel y cobalto (Circuncisão et al., 2018). El yodo, por ejemplo, ayuda al funcionamiento normal de la tiroides. El punto clave es el equilibrio: algunas algas pueden acumular demasiado yodo o contaminantes si crecen en aguas contaminadas. Por eso, es mejor elegir productos regulados y no consumir grandes cantidades sin orientación (EPRS, 2024).
3. ¿Qué beneficios podrían tener?
Además de sus nutrientes, las algas contienen compuestos naturales que se investigan por sus posibles beneficios (Adarshan et al., 2024; Cadar et al., 2025; Huerta 2021). Entre los más importantes se pueden mencionar las actividades antioxidante, antimicrobiana, antiinflamatoria, cardioprotectora, antidiabética, anticoagulante, neuroprotectora antiparasitaria, así como su uso para el tratamiento de enfermedades metabólicas, algunas deficiencias óseas y desnutrición (Fig. 3). Es importante decirlo con claridad: muchos resultados son prometedores, pero todavía no todos están confirmados en estudios amplios con personas (Cadar et al., 2025).

Figura 3. Beneficios para la salud y aplicaciones nutracéuticas y actividades biológicas de biocompuestos derivados de algas marinas (basado en Cadar et al., 2025).
A continuación, se mencionan algunos de los principales campos de aplicación biomédica de compuestos obtenidos de macroalgas marinas.
3.1 Antioxidantes: defensa contra el estrés celular
Algunas algas contienen pigmentos, vitaminas y polifenoles con acción antioxidante. Los antioxidantes ayudan a proteger las células frente al estrés oxidativo, un proceso relacionado con el envejecimiento y algunas enfermedades. También se estudian ciertos compuestos por su posible efecto antiinflamatorio. Aun así, es mejor ver a las algas como parte de una alimentación saludable, no como medicamento.
3.2 Sistema inmunitario: un campo en investigación
Algunos compuestos de algas han mostrado efectos frente a microorganismos en estudios de laboratorio. También se investiga si pueden influir en la respuesta inmunitaria. Sin embargo, esto no significa que consumir algas prevenga o cure infecciones.
3.3 Salud intestinal y saciedad
Por su fibra, las algas pueden apoyar el tránsito intestinal y ayudar a sentirse satisfecho por más tiempo. Esto puede ser útil dentro de una dieta equilibrada, acompañada de frutas, verduras, leguminosas, cereales integrales y actividad física.
4. ¿Por qué pueden ayudar al ambiente?
Además de su valor nutricional, las algas destacan por su potencial ambiental. Su producción puede organizarse en distintos sistemas —cultivos marinos, estanques o instalaciones cerradas— y, en ciertos casos, permite obtener biomasa sin ocupar tierras destinadas a frutas, verduras o cereales. Además, algunas especies requieren menos agua dulce que otros cultivos, lo que las convierte en una alternativa interesante dentro de modelos alimentarios más sostenibles (Tabla 1; García-Encinas et al., 2025; EPRS, 2024; Pereira et al., 2024).
4.1 Uso de CO2 y limpieza de nutrientes
Como hacen fotosíntesis, las algas absorben dióxido de carbono mientras crecen. Algunas también pueden ayudar a retirar el exceso de nutrientes de aguas residuales o sistemas acuícolas, lo que puede mejorar la calidad del agua.
4.2 Producción rápida
Muchas algas crecen con rapidez y pueden cosecharse varias veces al año. Esto las vuelve interesantes para producir ingredientes de forma continua, aunque la eficiencia depende del clima, la especie y la tecnología utilizada.
4.3 Apoyo a ecosistemas costeros
Cuando se cultivan de manera responsable, las algas marinas pueden ayudar a absorber nutrientes en exceso y ofrecer refugio a pequeños organismos. Pero, como cualquier cultivo, necesitan planificación para no afectar negativamente los ecosistemas.
5. Riesgos y desafíos ambientales
Sin embargo, el potencial de las algas no debe ocultar sus riesgos. Bajo ciertas condiciones, también pueden tener efectos nocivos para los ecosistemas, la economía y la salud pública.
5.1 Floraciones algales nocivas
La proliferación de microalgas en aguas marinas o salobres puede provocar la muerte masiva de peces, contaminar mariscos con toxinas y alterar los ecosistemas de maneras perjudiciales. Una clasificación general de las floraciones algales nocivas distingue dos grupos: los organismos productores de toxinas, que pueden contaminar los mariscos o matar peces, y los productores de alta biomasa, que pueden causar anoxia (ausencia total o disminución letal de los niveles de oxígeno disuelto en el agua de mar) y muerte indiscriminada de vida marina al alcanzar altas concentraciones; algunas floraciones presentan características de ambos tipos (Hernández-Saavedra, 2025).
5.2 Arribazones de sargazo y efectos costeros
En el caso de las macroalgas, como el sargazo, la llegada masiva a la línea costera, o mareas marrones, no solo afecta la estética del paisaje: también desencadena impactos ambientales y sociales importantes. Su descomposición libera compuestos gaseosos tóxicos, como amoníaco (NH3) y sulfuro de hidrógeno (H2S), genera malos olores y contamina el agua. Además, acelera la erosión costera, altera ecosistemas completos y representa un desafío para la salud pública y la actividad turística (Kunak, 2026, Fig. 4).

Figura 4. Campaña de voluntariado para la retirada del sargazo de las playas mexicanas – Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Cambio Climático y Zofemat – México (tomada de Kunak, 2026).
5.3 El caso de México: especies exóticas, sargazo y oportunidad biotecnológica
El Pacífico mexicano cuenta con 1183 taxones infragenéricos de macroalgas marinas (mientras que el correspondiente de fitoplancton y microbentos marinos, en la misma región, es de 1488). De estos, casi 60% tiene localidades tipo fuera de la región, sin una explicación definitiva hasta la fecha. A partir de la década de 1990, en áreas con observación continua de la flora, se detectaron taxones no registrados previamente, etiquetados como especies exóticas dentro del elenco florístico. Esto puede relacionarse con la nueva percepción global de las especies introducidas por actividades humanas y con cambios ambientales, incluido el cambio climático, que han permitido su proliferación en áreas no convencionales (Pedroche y Sentíes, 2020).
Tanto las especies no nativas como aquellas que forman proliferaciones de macroalgas tienen el potencial de modificar la estructura y función de las comunidades costeras, desplazar macroalgas nativas y afectar su fauna asociada. Entre los ejemplos destacan Laguna Ojo de Liebre, en Baja California Sur, invadida por Caulerpa okamurae (González Ortiz et al., 2025), y los arribazones de Sargassum natans y Sargassum fluitans III en el sur del golfo de México (Ramírez et al., 2025). El registro de la llegada masiva de sargazo pelágico en 2011 generó preocupación por sus impactos ambientales en el Caribe mexicano. Sin embargo, también impulsó el desarrollo de soluciones tecnológicas para aprovecharlo y reducir su impacto en las costas. En el Pacífico mexicano, C. okamurae han alertado a autoridades, sectores productivos y turísticos, especialmente en áreas de alto valor ecológico y económico, como la Reserva de la Biosfera Laguna Ojo de Liebre.
El sargazo pelágico, antes considerado únicamente un problema ambiental y económico, está siendo cada vez más revalorizado como recurso. En México, su inclusión en la Carta Nacional Pesquera (CNP, 2025) representa un paso importante para reconocer su potencial dentro del sector pesquero y avanzar hacia un aprovechamiento regulado.
En el Caribe se impulsan iniciativas para transformar esta biomasa en insumos para la agricultura, la construcción y la energía, generando nuevas cadenas de valor y reduciendo costos asociados a su acumulación (ONU, 2024). No obstante, escalar estas soluciones exige superar desafíos clave, como la presencia de metales pesados y otros contaminantes que limitan su uso seguro (Fig. 5).

Figura 5. Aplicación de los componentes del sargazo (tomado de Ramírez et al., 2025).
En este contexto, la innovación desempeña un papel fundamental. Investigadores del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), en colaboración con el sector privado y el BID, han desarrollado métodos para generar energía a partir del sargazo pelágico y separar el arsénico presente en el alga. Estos avances muestran cómo la tecnología puede ayudar a superar barreras críticas y ampliar las oportunidades para un aprovechamiento más seguro y sostenible del sargazo en la región (Bucaram Villacis, 2026).
Esta lógica también puede aplicarse a otros sistemas: algunas algas crecen usando corrientes con nutrientes que de otro modo serían desechos. Así, ayudan a convertir residuos en productos útiles, como alimentos, fertilizantes o ingredientes industriales, siempre que existan controles ambientales y sanitarios adecuados.
6. Conclusión: una oportunidad con responsabilidad
Las algas pueden ser parte de una alimentación más sostenible porque aportan nutrientes y, en algunos sistemas, pueden producirse con menos presión sobre la tierra y el agua dulce. Sin embargo, su uso debe ser cuidadoso ya que no todas las algas son iguales: su valor nutricional y su seguridad dependen de la especie, el lugar donde crecen, el cultivo, la cosecha y el procesamiento (Fig. 6).

Figura 6. Diversos tipos de algas marinas expuestas a la venta en el mercado típico de corea del sur, Mercado de Gukje, Busan (imágenes tomadas de González, 2024; Nippon, 2026).
Por eso, se necesitan investigación, reglas claras y controles de calidad para evitar riesgos como contaminantes, metales pesados o exceso de yodo. También es importante que los consumidores revisen las etiquetas y elijan productos seguros y bien regulados. El caso del sargazo bentónico muestra que un problema ambiental también puede convertirse en una oportunidad si se maneja con ciencia, innovación y responsabilidad.
En resumen, las algas tienen gran potencial, su aprovechamiento debe combinar beneficios nutricionales, seguridad para las personas y cuidado de los ecosistemas.
7. Referencias
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Dra. Norma Y. Hernández Saavedra. Investigadora Titular, CIBNOR. Sistema Nacional de Investigadores Nivel 2. Scopus, Research Gate, ORCID, Academia.
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